Historias para no dormir #8

Cuando nuestra compañera salió de la carrera y el máster, hablaba 3 idiomas. El mercado laboral le abrió sus brazos y le propinó la buena bofetada española que muchxs recibimos cuando pensamos que nuestro sacrificio académico tendría un fruto inmediato.


Su hostiazo personal fue el de encontrarse con unas prácticas en una importante multinacional-cómo no- mal pagadas (600€ mensuales) y sin posibilidad de contratación. A ello se le sumó la necesidad de realizar un curso para poder firmar el convenio de prácticas de un valor de 150€, pagado de su propio bolsillo; “un bolsillo habituado a pagar lo que le corresponde, no como nosotrxs”, debió de pensar la empresa contratadora.


El sistema chupasangre que permite a las empresas jugar con la frustración y esperanza de los #jóvenes desesperadxs por encontrar un empleo “digno” tras estar años, años y años de sacrificio personal, académico y económico no solo es injusto, sino que atenta contra la dignidad individual y laboral.


La pandemia del Covid-19 no aporta mucha luz a la situación, a nuestra compañera, al menos, le han podido reincoporar aplicando el teletrabajo, pero, ¿qué va a pasar con esos miles de chavalas y chavales que se encuentran en una situación parecida o incluso, menos afortunada? ¿Y con los que no son tan chavales ni tan chavalas pero se encuentran en las mismas? ¿Qué garantías tenemxs? La verdad es que pocas comparadas con las eternas incertidumbres que golpean a nuestra generación.

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